Texto extraído de (cómo citar):
Balsells, M., Vaquero Tió, E., Fernández-Rodrigo, L., Fuentes-Peláez, N., & Mateos Inchaurrondo, A. (2019). El ejercicio de la parentalidad positiva en un mundo digital: Presencialidad, progresividad y pautas.http://hdl.handle.net/2445/177959
De acuerdo con la definición acuñada en la Recomendación Rec 2006/19 del Comité de Ministros del Consejo de Europa, “ejercicio de la parentalidad positiva se refiere al comportamiento de los padres fundamentado en el interés superior del niño, que cuida, desarrolla sus capacidades, no es violento y ofrece reconocimiento y orientación que incluyen el establecimiento de límites que permitan el pleno desarrollo del niño” (Council of Europe, 2006:3).
El objetivo de la tarea de ser padres y madres es el de promover relaciones positivas en la familia, fundadas en el ejercicio de la responsabilidad parental, para garantizar los derechos del niño, de la niña y del adolescente en su seno y promover su desarrollo y bienestar personal y social.
Los principios de la parentalidad positiva son los siguientes (Rodrigo, Maiquez y Martín-Quintana, 2010):
Vínculos afectivos cálidos: Funcionan como barrera de protección, de ser duraderos, generan aceptación y sentimientos positivos. En este sentido se podría promover el fortalecimiento de los vínculos afectivos en la familia a lo largo de su desarrollo.
Entorno estructurado: Aporta guía y orientación para el aprendizaje de normas y valores. Esto promueve la instalación de hábitos y rutinas con el fin de organizar las actividades diarias. Se ofrece al niño un sentimiento de seguridad a través de una rutina predecible y del establecimiento de los límites necesarios.
Estimulación y apoyo: Para el aprendizaje a nivel familiar y educativo formal con el fin de lograr una alta motivación y el desarrollo de sus capacidades. Esto supone conocer características y habilidades de sus hijos. Es importante compartir tiempo de calidad con ellos.
Reconocimiento: De sus relaciones, actividades y experiencias, del valor que ellos tienen, sobre sus preocupaciones y necesidades. Es vital nuestra comprensión y tener en cuenta sus puntos de vista. Sería importante escucharlos y valorarlos como sujetos con pleno derecho.
Capacitación: Apunta a potenciar el valor de los hijos e hijas, a que se sientan protagonistas, competentes, capaces de producir cambios e influir con su opinión o accionar a los demás. Es significativo el establecimiento de espacios de escucha, reflexión y explicaciones de los mensajes que llegan a la familia y a ellos.
Educación sin violencia: Descartar toda forma de castigo físico o psicológico. Eliminando de esta manera la posibilidad de que imiten modelos de interacción inadecuados, degradantes y violatorios de los derechos humanos. Elogiar su buen comportamiento, y ante su mal comportamiento reaccionar con una explicación y, si es necesario, con una sanción que no los violente (ni física, ni emocionalmente), como imponerles un “tiempo de reflexión”, reparar los daños, reducir su dinero para gastos personales, etc.
Tres aspectos destacan en la noción actual de parentalidad:
La responsabilidad parental, que plantea un control autorizado y basado en el afecto, el apoyo, la comunicación, el acompañamiento y la implicación en la vida cotidiana de los hijos e hijas. Esta es la forma de lograr una autoridad legitimada ante ellos, basada en el respeto, en la tolerancia, la comprensión mutua y en la búsqueda de acuerdos que contribuyan al desarrollo de sus capacidades.
Por otro lado, el ejercicio de la parentalidad positiva conlleva tanto la capacitación de los hijos, como la legitimación de sus opiniones y emociones. En este sentido, se han incluido los derechos de la infancia y la adolescencia a las dinámicas familiares y se resalta el valor educativo y de desarrollo integral que tienen la participación activa de los hijos y las hijas.
La perspectiva ecológica del ejercicio de la parentalidad ha puesto en valor el contexto de la familia en sus diferentes niveles ecosistémicos; todos los entornos aportan las condiciones, los facilitadores y las limitaciones al desarrollo de las competencias parentales: las relaciones de pareja, del trabajo, de las redes de apoyo de la familia extensa, las amistades, el vecindario y la comunidad forman parte del ejercicio de la parentalidad. Tal y como describen Rodrigo, Máiquez y Martin-Quintana (2010) la parentalidad positiva no se ejerce en un espacio vacío, sino que requiere de aliados y de apoyos materiales, de información y consejo, de acompañamiento, de comprensión y de carácter formativo para mejorar su ejercicio.
El Triángulo de la parentalidad positiva es una representación gráfica simplifica el modelo ecológico-evolutivo de interpretación de la familia y de la parentalidad positiva (adaptación realizada de Chamberland, Clément, Lacharité, & Bouchard, 2012). En resumen, la forma de ejercer la parentalidad tiene que ver con los tres aspectos:
Necesidades de los niños y adolescentes: necesidades evolutivas- educativas y diferenciales que tienen los niños, y que van cambiando durante toda la vida.
Competencias parentales: capacidades de los padres para afrontar de forma flexible y adaptada, de acuerdo con el contexto y las necesidades de los hijos, la tarea de ser padres.
Contexto psicosocial de la familia: que ayuda (factores protección) o dificulta (factores de riesgo) la tarea de ser padres. Se refiere al impacto de la familia extensa y los factores ambientales sobre la capacidad de los padres y niños.
Cuidados básicos, seguridad y protección: Organización de la vida cotidiana de los hijos e hijas y establecimiento de rutinas relacionadas tanto con los hábitos cotidianos en alimentación, higiene, sueño, etcétera. La estabilidad en la vida cotidiana también contempla la protección de riesgos reales y la educación sin ninguna forma de violencia.
Calor, afecto y estabilidad emocional: Comportamientos presentes en las interacciones padres-hijos que tienen por objetivo favorecer una relación basada en el afecto, la calidez emocional y la comunicación, para que los hijos se sientan queridos, comprendidos y seguros.
Orientación, valores y normas: Supervisión y control del comportamiento infantil, así como la gestión adecuada de los conflictos. La negociación y el dialogo para establecer las normas y límites adaptadas a las necesidades y características de los hijos.
Estimulo, motivación y diversión: Promoción del desarrollo integral de los hijos proporcionando oportunidades de aprendizaje formal e informal y estimulando la adquisición de una progresiva autonomía y capacitación.
Además de estas competencias, es fundamental la implicación, el acompañamiento, el reconocimiento y el interés mostrado por el mundo y la valía de los hijos. Esta actitud parental implica la aceptación de la individualidad del hijo y el interés de los adultos por su mundo y el tener en cuenta sus ideas en las decisiones familiares. Igualmente, la agencia parental entendida como el conjunto de habilidades que reflejan el modo en que los padres perciben y viven su rol parental, permite que los padres se sientan agentes protagonistas, activos, capaces y satisfechos en su rol parental (Máiquez, Rodrigo, Capote, & Vermaes, 2000).
Texto extraído de (cómo citar):
Balsells, M., Vaquero Tió, E., Fernández-Rodrigo, L., Fuentes-Peláez, N., & Mateos Inchaurrondo, A. (2019). El ejercicio de la parentalidad positiva en un mundo digital: Presencialidad, progresividad y pautas.http://hdl.handle.net/2445/177959